Una de las cosas que hacen alarmante a este nuevo coronavirus es exactamente eso, que es nuevo. Eso quiere decir que ninguno tenemos anticuerpos para combatir contra él, y en consecuencia todos nos vamos a poner aproximadamente enfermos cuando entre en nuestro cuerpo; para la mayor parte la infección va a ser leve, mas todos tendremos que pasar por el proceso de “conocer” al virus, producir inmunidad y, por último, destruirlo.La comunidad científica asimismo debe recorrer un camino afín. Deseamos generar vacunas, o bien anticuerpos artificiales para asistir a los enfermos, mas no conocemos al virus. Precisamos comprender de qué manera marcha, qué herramientas emplea para piratear nuestras células, y entonces vamos a poder aspirar a bloquearlo. En los últimos días se ha dado un enorme paso en esa dirección con 2 artículos que nos desvelan de qué manera son las espículas del virus.

Una corona de espinas

Los coronavirus reciben ese nombre por el hecho de que cuando los vemos al microscopio electrónico tienen un aspecto redondeado y están rodeados de una suerte de “pelo”, que recuerda a la corona solar cuando se observa a lo largo de un eclipse total. En los virus, esta corona está formada por proteínas que salen cara fuera, como las púas de un erizo de mar, mas su función no es resguardar al virus: sirven a fin de que el virus abra la membrana de las células y se interne en ellas.Estas proteínas se llaman espículas o bien “proteínas S”, y son, en cierta forma, la huella digital del virus. Los coronavirus son virus envueltos, que quiere decir que están rodeados de una membrana afín a la de las células. Las espículas sobresalen fuera de la membrana por el hecho de que el virus las precisa para interactuar con las células. Mas si aprendemos a identificar esas espículas y a incapacitarlas vamos a haber ganado la partida: el virus ya no nos va a poder agredir. Eso es lo que hace el sistema inmune y eso es asimismo lo que procuran muchos tratamientos que están ahora en desarrollo.Pero ver de cerca una espícula no es fácil. Si en un microscopio electrónico la corona se ve como una suerte de pilosidad difusa lo que precisamos es una cosa que deje ampliar uno de esos pelos y mostrarnos sus detalles. Afortunadamente, esa técnica existe: es la microscopía electrónica criogénica, y su impacto en la biología molecular ha sido tan grande que sus autores recibieron el Premio Nobel de Química en el año 2017.Esencialmente, la idea no consiste en inventar un microscopio mejor que los que tenemos: los microscopios electrónicos son con perfección capaces de darnos una imagen de una molécula grande, como es la espícula. El inconveniente es que las moléculas se mueven continuamente: vibran, se estiran, se contorsionan, se pegan a cosas… Para sacar una buena imagen precisamos pararlas, y ahí es donde interviene la criogenia: el truco consiste en congelar la muestra ya antes de meterla en el microscopio. Mas congelarla de una manera cuidadosísima, a fin de que el hielo sea transparente a los electrones.Eso es lo que han hecho 2 conjuntos de científicos, que han publicado sus resultados con poquitos días de diferencia en las gacetas Science y Cell. Han producido miles y miles de copias de la espícula, las han suspendido en hielo y han logrado imágenes de todas y cada una , de manera que podemos ver la espícula desde todos y cada uno de los ángulos: tenemos una imagen 3D de una de las espinas del virus.

Un garfio retráctil

La reconstrucción 3D nos enseña es una proteína con forma de trompeta, afín a las espículas de otros coronavirus, mas un detalle llamó de forma rápida la atención de los investigadores: en la parte superior de la espícula había una parte que aparecía movida. Era tal y como si, pese a estar congelada, hubiese una pieza suelta que prosiguiera moviéndose. Eso no podía ser, desde luego: lo que pasaba es que, entre las miles y miles de copias de la proteína, había ciertas en las que esa parte estaba en una situación y otras en las que estaba en otra. Terminaban de descubrir que la espícula tiene una pieza móvil.Eso no era algo nuevo: asimismo se han observado piezas móviles en las espículas de otros 2 coronavirus, el SARS y el MERS. Este virus, el SARS-dos, es el tercero en el que se descubre. En los 2 precedentes, la pieza móvil es la responsable de engancharse a la superficie de la célula humana y dar comienzo a la invasión. Podríamos decir que esta pieza es una suerte de “garfio microscópico” que los virus usan para abrirse paso.La hipótesis con la que trabajan los científicos es que la movilidad de esta pieza es la que le deja a este virus “engancharse” a las células más de forma fácil, y en consecuencia podría estar relacionada con que sea más infeccioso y asimismo con que sea más virulento. Una observación apoya esta idea: de las 7 especies de coronavirus que afectan a humanos, en 4 de ellas el “garfio” siempre y en todo momento aparece pegado a la espícula, y esas 4 especies solo generan constipados. Las otras 3, en las que el garfio puede desplegarse, generan enfermedades considerablemente más serias.En cualquier caso, con esto solo hemos desvelado el primero de los pasos del proceso de infección. Con lo que sabemos de otros coronavirus el proceso de entrada a la célula es más difícil que “me engancho a la una parte de fuera y me cuelo”. Una vez enganchado toda la mitad superior de la espícula se aparta, como la cola de una lagartija. Esto deja al descubierto el “corazón” de la proteína, y es esa parte interior la que hace el trabajo de fusionar la membrana del virus con la de la célula y, claramente, abrirle el paso al interior. Este segundo paso es tan esencial que pensamos que cuando nuestro cuerpo produce anticuerpos contra el virus, ciertos bloquean la parte superior, la que tiene el garfio, y otros la inferior, donde está el “corazón”. Son los segundos los que semejan bloquear de forma más eficiente la acción del virus.Una infección es siempre y en todo momento una carrera entre el invasor, que desea entrar sin ser visto, y el invadido, que trata de defenderse con todos y cada uno de los recursos a su alcance. Esta invasión nos ha cogido un tanto desprevenidos, como toda vez que nos encaramos a un oponente ignoto, mas ya estamos rellenando ese hueco, y a una alta velocidad. En un par de meses hemos pasado de no saber prácticamente nada del virus a tener imágenes de su maquinaria de infección. El final no está cerca aún, mas ya estamos avanzando por el camino adecuado.

QUE NO TE LA CUELEN

Descubrir el mecanismo que el virus utiliza para invadir las células no quiere decir que podamos bloquearlo de manera inmediata, mas sí desea decir que ahora tenemos más claro dónde tenemos que mirar para hallar tratamientos eficientes.El virus tiene un “garfio retráctil”, mas eso no quiere decir que el virus lo mueva a voluntad. El garfio sencillamente está suelto, y en todos y cada espícula va a estar en una situación, o bien quizás moviéndose entre múltiples situaciones. Un virus es un ser fundamentalmente inerte hasta el momento en que entra en contacto con una célula, y en consecuencia no puede desplazar ninguna de sus partes.

REFERENCIAS

Alexandra Walls et al. Structure, Function, and Antigenicity of the SARS-CoV-dos Spike Glycoprotein. Cell, vol. 180, pp. 1-12 (2020)Daniel Wrapp et al. Cryo-EM structure of the 2019-nCoV spike in the prefusion conformation. Science, vol. 367, is. 6483, pp. 1260-1263 (2020)

Fuente: larazon.es

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