Como medida al alcance de todos para eludir la embestida sicológica que puede provocar el brote de coronavirus (y el confinamiento) que está luchando España desde hace semanas, los sicólogos animan a dar relevancia a las notas positivas que existen entre la confusión de datos que brota día tras día.En ella están las dos.575 altas confirmadas por los profesionales sanitarios a día de el día de ayer, aparte de la promesa de las autoridades de que estamos cerca de lograr el ansiado pico de la curva que mide la evolución del número de nuevos casos. Mas eso no desea decir que la situación en los centros de salud vaya a prosperar de un día para otro y se vaya a frenar el número de decesos.Sin embargo, a pesar de que la cantidad de contagios y fallecimientos no deja de medrar, ninguno deseamos meditar que el país va a llegar a una situación similar a la de Italia, y específicamente a la de la zona de Lombardía, actual epicentro del Covid-19 en el mundo entero. Allá, los servicios funerarios están totalmente desbordados y las imágenes de automóviles militares transportando en una sigilosa marcha mortuorio cientos de ataúdes por la saturación de sus camposantos han traspasado sus fronteras. Mas, ¿de qué manera está hoy en día la situación de las funerarias en España?Sin duda, el panorama más frágil de todo el territorio de España se vive en la Comunidad de la capital de España, la zona más azotada tanto en número de decesos como de inficionados. Conforme los datos que se manejaban al cierre de esta edición, son 1.021 y nueve.702, respectivamente, a la espera de que la segunda cifra se dispare cuando se comiencen a efectuar los controles veloces, esos que dejarán confirmar un sinnúmero de casos menos graves que se hallan pasando la enfermedad en cuarentena en sus domicilios.Ya hace algo más de una semana desde el momento en que la Comunidad de la capital de España, a través de la Unidad de Sanidad Mortuoria, anunció la prohibición de efectuar velorios a los fallecidos con coronavirus, una medida que el día de ayer se extendió a todas y cada una de las muertes que se generen en la zona hasta el final de la crisis. En este sentido, una de las primeras medidas que se tomó a nivel estatal fue la obligación de velar a los fallecidos con el ataud cerrado. De ahí que, por la imposibilidad de dar el último adiós y asimismo por no poder abrazar a los más allegados, los especialistas advierten que el proceso de duelo de los seres queridos puede verse gravemente perturbado.Como consecuencia de ello, las funerarias madrileñas han visto perturbada su rutina. La carencia de familiares velando a los seres queridos que se han ido no se ha traducido, ni muchísimo menos, en una caída en su volumen de trabajo. En verdad, ciertas fuentes charlan de que amontonan demoras de más de 3 días para efectuar incineraciones, unos plazos que se espera que aumenten todavía más esta semana. De ahí que, los responsables ya están comenzando a derivar casos a provincias lindantes.

El procedimiento

A todo esto se aúna que a los fallecidos por coronavirus hay que aplicarles un procedimiento singular que se dilata más en el tiempo que el que se emplea en otro género de muertes. El protocolo elaborado por el Ministerio de Sanidad deja perseverancia de la carencia de evidencia a nivel científico que certifique que los cadáveres pueden trasmitir la enfermedad, mas, como actualmente toda cautela es poca, la resolución de tomar medidas auxiliares es inapelable.Por ello, el procedimiento que han adoptado la enorme mayoría de las funerarias de la capital es el siguiente: los trabajadores se trasladan al centro de salud donde se ha producido el deceso para derivar de manera directa el cuerpo a la sala de cremación. Si por congestión de las instalaciones no es posible hacerlo de manera directa, se reserva en una cámara cerrada. Además de esto, todos y cada uno de los que participan en el proceso han de estar pertrechados de equipos de protección individual. El saco al que se transporta el fallecido en estos casos tiene un grosor mayor de lo común y está totalmente cerrado, como ocurre con el ataúd.Por su parte, la Empresa de Servicios Funerarios de la capital de España (SFM), que depende del Municipio de la capital, se ha visto obligada a fortalecer el servicio en sus 4 hornos, que se dividen entre los camposantos de La Almudena y Carabanchel. Ahora marchan sin reposo las 24 horas del día.Todos estos procesos, que absolutamente nadie duda de que son precisos para contener la propagación del virus, solo provocan un dolor añadido a los familiares. Por esta razón, la atención sicológica se vuelve vital para superar el duelo. Las redes sociales dan buena cuenta de ello.«Ha fallecido un familiar de mi pareja por coronavirus. No lo cuento por lástima, sino más bien a fin de que penséis en todas y cada una esas personas que el día de hoy están en casa, respetando el aislamiento y no pueden juntarse con su familia para sollozar la pérdida. Que ni tan siquiera han podido despedirse. No pueden reunirse en un tanatorio a contar anécdotas entretenidas del que se ha ido, abrazarse y pasar el duelo. Ni tan siquiera sepultarle. La muerte es real, mas con todo esto queda como en suspenso, en una situación de irrealidad». Es el relato de la cronista Bárbara Ayuso, un mensaje que se hizo viral y desató una ola de solidaridad virtual.De una historia afín dejaba perseverancia Antonio Martínez: «Hoy ha fallecido mi abuela materna, mi familia está en Mérida, mi madre no ha podido ir a despedirse de su madre (vivimos en Alcorcón). Es más, no puedo ni darle un beso a mi madre que vive a 5 minutos en vehículo. Es muy triste».

Fuente: larazon.es

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