Aunque Quim Tuesta le afirmara que solamente quedaría de su paso por el Parlament es el silencio, la realidad es que Inés Arrimadas logró algo muy importante: que Ciudadanos arrasara en votos en las elecciones autonómicas de diciembre de 2017, las primeras tras el referendo ilegal del 1-O bien y de la siguiente declaración unilateral de independencia de Carles Puigdemont. Si bien el efecto se perdió en buena medida cuando su nombre se situó en portada para las listas nacionales, los naranjas se transformaron en su día en la voz de gran parte de la población catalana, la que se identificaba con el alegato antisecesionista que defendía la que ahora va a ser la nueva portavoz del partido en el Congreso de los Miembros del Congreso de los Diputados. Arrimadas se transformó en la líder con más respaldo el pasado 21-D: cosechó el 25,35 por ciento de los apoyos y más de un millón de votos. Mas semeja que con su marcha del Parlament se han ido asimismo los adeptos de Cs. La sangría comenzó el 28-A, cuando los de Rivera no consiguieron los resultados deseados en el que hasta el momento era su bastión. Si se examinan los resultados de los comicios municipales del domingo, los números charlan por sí solos: Ciudadanos amontonó solo el cinco,11% del total de sufragios –el ocho con dos% si se aúnan los de Barna pel Canvi–. O sea, la caída del respaldo de los catalanes se cifra en un 67,65%, la mayor parte en las urbes con más población. Esto se traduce en la pérdida de más de 930.000 votos. En las elecciones europeas el panorama no es muy distinto: un 73% menos de votos. La confianza que desde el Comité Ejecutivo habían depositado en la figura de Manuel Valls no para ser su nueva cara perceptible en Cataluña se ha traducido en un incremento significativo del número de concejales y la zona ha dejado de ser el feudo naranja por antonomasia. Mas, ¿le compensa a Cs sacrificar su bastión? Rivera siempre y en toda circunstancia ha presumido de haber natural de Cataluña y el apogeo de su partido se ha vertebrado, en una gran parte, en su forma de reunir esos sentimientos catalanes y españoles. Los naranjas se hicieron fuertes conforme se incrementaba la crisis secesionista y una mayoría de la población catalana se quedaba huérfana de voto. Con un Partido Popular señalado por su forma de enfrentar el inconveniente y un Partido Socialista Obrero Español más preocupado de recomponer sus bases desde la capital española, Arrimadas se transformó en el referente de la lucha contra el independentismo. «Está solo. Se ha equivocado de siglo y de lugar», le espetó a Puigdemont ya antes de desamparar el graderío para no presenciar la proclamación de la República catalana. Pese a que semeja que esa fórmula no terminó el cuajar el pasado 28-A, entonces el resultado no se hizo aguardar. Si bien no pudiese regir por la suma de los apoyos de los partidos independentistas, Ciudadanos fue la fuerza más votada en los comicios autonómicos de diciembre de 2017. Se hizo fuerte en las urbes con más población (ganó en todas y cada una): cosechó el 26,5% de los apoyos en Barna, el 33,44% en Hospitalet, el 31,16% en Badalona y el 35,08% en Tarragona, y asimismo se impuso en Mataró, Terrassa, Sabadell, Lleida y Reus. Aun consiguió el «sorpasso» a ERC en Sant Vicenç dels Horts, el ayuntamiento en el que Oriol Junqueras fue regidor. La «ola naranja» de la que tanto alardea Albert Rivera sí fue tal el 21-D. Mas todo cambió el 23 de febrero, la data en la que Arrimadas anunciaba su salto a la política nacional como cabeza de la lista de Ciudadanos por Barna al Congreso de los Miembros del Congreso de los Diputados. Rivera decidió llevarse a la capital española a la líder catalana y confiar en Manuel Valls, ex- primer ministro francés, la siempre y en toda circunstancia bastante difícil labor de ser el referente naranja el Cataluña. Mas el plan ha caído por su peso: Arrimadas no ha conseguido la «machada» en las generales y, encima, ha lastrado los resultados de Cs en las municipales y europeas. Uno de los primeros movimientos de Valls fue recibido con sorpresa: no se presentaría al Municipio de Barna con las iniciales de Ciudadanos de forma frecuente. El nombre oficial resultó ser Barna pel Canvi-Ciutadans. Los resultados en las urnas fueron en consonancia con una campaña electoral con un estrellato más bien bajo: 6 concejales y solo un 18,4% de los apoyos. El resto del territorio prosiguió exactamente la misma tónica, si bien ciertos casos fueron en especial trágicos, entre ellos Hospitalet (un 65% menos), Mataró (prácticamente un 80% de caída) y Terrasa (menos del 73% en comparación con 21-D). En Badalona, Cs solo se hizo con el 1,78% de los votos, lo que representa una caída de prácticamente el 95% con respecto a las autonómicas. Es curioso que el enorme favorecido en este último fuera el PP de Xavier García Albiol, que logró la mayor parte absoluta, exactamente pues la última estrategia de Ciudadanos a nivel nacional partía de procurar «robarle» votos a los azules. Una parte de la culpa esa sangría de votos en su sitio de nacimiento puede deberse a este «giro a la derecha» con el que Rivera procuraba ocupar el hueco de Pablo Casado. Aunque en las elecciones generales diese sus frutos en bastiones populares como la Comunidad de Madrid, la estrategia le ha supuesto perder el apoyo de Cataluña, donde los populares jamás han tenido sus mejores resultados.

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