Seguimos con nuestro periplo vernal por ciertos pueblos con más encanto de la Península. Comenzamos con una selección en Andalucía y proseguimos con Extremadura y Asturias, para dirigirnos esta vez al Pirineo aragonés. La zona, salpicada de diminutas localidades de casas empedradas, la mayor parte de ellas presentes en rankings y listados que las encumbran entre las mejores de la zona, son un destino a tener en consideración cuando el mercurio se dispara.
Si bien son punto de inicio de sendas de montaña, no hace falta ser un apasionado al trekking para gozar de sus paisajes de postal, sino más bien sencillamente se requieren ganas de descubrir la naturaleza en estado puro. Genial gastronomía y una extensa oferta de actividades -asimismo para los más pequeños- son ciertas de sus grandes bazas.

Alquézar

Alquézar (Huesca)
(Flickr / Kom bo)

Comenzamos el recorrido en Alquézar, la localidad ubicada más al sur de las 5 que componen nuestra particular senda. Se trata de una joya medieval separada de Barbastro por 25 quilómetros -y 50 de Huesca–, cuya imagen retendrás en la retina.
El pasado árabe de este pueblo de la región del Somontano que apenas alcanza los 300 habitantes se refleja sobre todo en la colegiata de Santa María de Alquézar, en su día castillo de defensa de los ataques de los reinos cristianos. Accedemos como mucho alto de la fortaleza, desde la que se goza de magníficas vistas del parque natural de la Sierra y los Cañones de Guara, por sinuosas calles y plazas adoquinadas.

Integrada en un paisaje increíble de calizas cincelado por el río Vero, cuenta con un ambiente natural ideal para la práctica de deportes de aventura y actividades al aire libre, como el barranquismo. Y es que descender por el último tramo del Cañón del Vero por las pasarelas que cuelgan de los acantilados es una experiencia sin parangón.

Aínsa

Ainsa

Ainsa
(Adrian Wojcik / Getty Images/iStockphoto)

El próximo destino es Aínsa
, la capital de la región de Sobrarbe y, probablemente, el pueblo más conocido de nuestra pequeña selección. Está a algo más de una hora de Alquézar -el tiempo depende de la senda que se escoja-, y se ubica en la confluencia de los ríos Cinca y Labra (en las cercanías del parque nacional de Ordesa y Monte Perdido y a ciertos quilómetros al norte y al sur se extienden los parques naturales del Posets-Maladeta y de la Sierra de Guara, respectivamente).
La villa medieval, encabezada por el castillo, luce una magnífica plaza Mayor porticada y sinuosas y también históricas calles adoquinadas, con la iglesia románica de Santa María como el exponente más importante de este estilo arquitectónico que abunda en el Pirineo.
En los aledaños de Aínsa encontraremos atractivos como el monasterio de San Victorián, ubicado a los pies de la Peña Montañesa, el dolmen prehistórico de Tella, el santuario de Torreciudad -etapa de la Senda Mariana que une Lourdes con Zaragoza- o bien la localidad de Abizanda.

Torla

Torla, en el parque nacional de Ordesa

Torla, en el parque nacional de Ordesa
(Lukasz Janyst / Getty Images/iStockphoto)

Conduciendo 45 quilómetros en dirección al nordoeste hallamos Torla, ubicado en la falda del parque nacional de Ordesa y Monte Perdido y, por tanto, una de sus puertas de entrada. Asentada entre los vales de Labra y de Bujaruelo, en esta localidad de la región de Sobrarbe de cerca de 300 ánimas, la naturaleza es sin duda su primordial fuente de recursos.
Su arquitectura es propia de la alta montaña, con robustas casas de piedra con grandes portones, coronadas por chimeneas de ahuyenta brujas sobre tejados de pizarra, y cuenta con una oferta de alojamientos considerable. Y es que es uno de los puntos escogidos por los viajantes que visitan el parque en el momento de pernoctar.
Acá se imponen los deportes de aventura como el rafting o bien el piragüismo, el ciclismo o bien el senderismo, mas,es muy aconsejable caminar por sus calles y acercarse hasta la iglesia del Salvador que acoge, además de esto, el museo etnológico.

Sallent de Gállego

Sallent de Gállego es un pueblo del la comarca de Alto Gállego, en Huesca

Sallent de Gállego es un pueblo del la región de Alto Gállego, en Huesca
(Jesus Abizanda -Flickr)

El próximo destino nos adentra a la región del Alto Gállego. Se trata de Sallent de Gállego, a unos 50 quilómetros al norte -invertiremos cerca de una hora en llegar-. Lo descubriremos a riberas del embalse de Lanuza y del río Aguas Limpias, bajo la peña La Foratata que observa impresionante la villa a 1.305 metros de altitud.
No exageramos cuando afirmamos que el pueblo parece sacado de un cuento de hadas, con un bonito casco histórico infestado de habituales casonas de grandes muros de piedra y tejados oscuros con chimeneas de curiosas formas. No nos vamos a perder las visitas a la iglesia de la Asunción, construida a inicios del siglo XVI, que acumula un muy valioso retablo plateresco; al puente romano, ni al triple arco románico de la plaza de la villa.
En Sallent de Gállego vamos a comer realmente bien. Aconsejamos sentarse a la mesa en frente de un buen plato de patatas encebolladas, especialmente si vamos a emprender el camino a la estación de Formigal-Panticosa, situada en el ayuntamiento.

Ansó

Ansó es una localidad de la comarca de la Jacetania, en Huesca

Ansó es una localidad de la región de la Jacetania, en Huesca
(Lamuga – Flickr)

Llegamos al destino final de nuestro recorrido por los pueblos oscenses, tras caminar sobre nuestros pasos hasta Biescas, para emprender con rumbo a la región de Jacetania. Llegamos a Ansó, ubicado a una hora y media de Sallent de Gállego -a unos 100 quilómetros de distancia– con ganas de conocer uno de los mejores cascos urbanos del Pirineo aragonés.
Allá nos espera una preciosa estampa de calles muy angostas y casas hechas de piedra que ofrecen la habitual imagen de la arquitectura ansotana, grandes balcones, arcos dovelados y chimeneas en los anchos tejados de teja roja. Vamos a visitar la iglesia parroquial de San Pedro, de estilo gótico-renacentista, que acumula un museo de arte sagrado y donde se conserva un monumental retablo barroco del siglo XVII, y asimismo nos acercaremos al torreón medieval del siglo XIV o bien al curioso museo del traje.
No abandonaremos el sitio ni concluiremos el viajes sin probar las migas a”la pastora”. ¡Son, literalmente, exquisitas!

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