La idea de Reforestum brotó mientras que el joven emprendedor Diego Sanz hablaba con una amiga que confesaba sentirse culpable por el impacto ambiental que suponía coger día tras día el vehículo para desplazarse hasta el pueblo donde trabajaba. Diplomado en Informática, a Sanz se le encendió una lámpara para alumbrar la conciencia medioambiental de su amiga: calcular precisamente cuánto CO2 emitía su vehículo y plantar árboles que compensaran esa huella de carbono. El planteamiento fue madurando y hace 3 años Sanz lanzó una campaña de «crowdfunding» en la plataforma Kickstarter. Con los 40.000 euros colectados, adquirió un terreno de 5 hectáreas cerca del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre, en Palencia. Y allá nació el primer bosque de Reforestum. «Pusimos en marcha una plataforma web a fin de que cualquier persona pudiese medir su huella de carbono y creamos lo que llamamos participaciones de bosque, esto es, esos particulares podían adquirir derechos sobre una determinada superficie reforestada equivalente a sus emisiones de CO2», explica Sanz.

Tras aliarse con otro emprendedor francés, Alban Bressand, el proyecto empezó a enfocarse cara el planeta empresarial. La idea no era totalmente nueva. «Este es un mercado que existe desde hace cierto tiempo, con instrumentos como los créditos de carbono, mas ahora ha implosionado y está medrando mucho. Las compañías cada vez están más mentalizadas y destinan más fondos a sus políticas de compensación», asegura el creador de Reforestum. Los bonos o bien créditos de carbono son una de las herramientas desplegadas en el Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones. El sistema articula el «derecho a contaminar» (un bono equivale a la posibilidad de producir una tonelada de CO2) mediante un producto canjeable y discutible en el mercado (se pueden vender y adquirir los excedentes de emisiones), al paso que se estimulan los proyectos de compensación medioambiental, como la reforestación.

Lo que Reforestum trata de aportar a estos procesos es trasparencia. «Contamos con un departamento de I+D con especialistas en Inteligencia Artificial que nos deja controlar los bosques con imágenes de satélite en tiempo prácticamente real. Con estas técnicas de «machine learning» podemos saber cuánto carbono está guardando el bosque, cuál es su nivel de salud, la humedad que hay… De esta forma se produce más confianza, las compañías y los particulares tienen la seguridad de que los proyectos son reales y se crea un vínculo con el bosque».

Reforestum creó las llamadas participaciones de bosque, esto es, los particulares pueden adquirir derechos sobre una determinada superficie reforestada equivalente a sus emisiones de CO2

La compañía trabaja en múltiples proyectos en España y asimismo en la Amazonía peruana y en Indonesia. Las compañías pueden sumarse a ideas de la cartera de su «marketplace», adquiriendo parcelas ya reforestadas, o bien impulsando sus bosques corporativos. «El mes próximo, por poner un ejemplo, vamos a plantar uno para Adidas», explica Sanz. Y es que las raíces de esta start-up semejan poco a poco más fuertes. «Hace una semana cerramos una ronda con «business angels» en la que hemos levantado 600.000 euros. Deseamos duplicar el equipo y ganar músculo en experiencia de usuario, marketing… Tenemos mucho trabajo por delante, mas el escenario es prometedor». Para apoyar esa idea, esta semana Reforestum era escogida como una de las 3 start-up ganadoras del «Beauty Tech for Good Challenge», el concurso internacional con el que L’Oreal reconoce a las ideas emprendedoras más sustentables y también inclusivas del planeta.

Reconocimiento internacional
Reforestum conseguía esta semana ser escogida entre las 3 start-up más sustentables del planeta en una competición impulsada por la multinacional L’Oreal. Al lado de la canadiense WhatRocks y la suiza Depoly se unirá a StationF, el mayor campus de emprendimiento del planeta, en pleno corazón de la ciudad de París

Fuente: ABC.es

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