El Premio Fundación Banco Bilbao Vizcaya Argentaria Fronteras del Conocimiento en Economía, Finanzas y Administración de Empresas ha sido concedido en su decimotercera edición a Ben Bernanke (The Brookings Institution, Washington DC), Mark Gertler (Universidad de la ciudad de Nueva York), Nobuhiro Kiyotaki (Universidad de Princeton) y John Moore (Universidad de Edimburgo). El jurado se lo ha concedido «por sus contribuciones esenciales al comprensión de de qué manera las imperfecciones de los mercados financieros pueden amplificar las fluctuaciones macroeconómicas y producir profundas recesiones», conforme recoge el acta.

«En los últimos 15 años», tal como narra el jurado, «las economías avanzadas han sido golpeadas por fuertes shocks macroeconómicos que han surgido del campo financiero. En 2008, impulsadas por el exceso de liquidez procedente de países emergentes y por una supervisión laxa, muchas instituciones financieras de las economías avanzadas habían seguido una estrategia de beneficios en un corto plazo y aceptaron grandes riesgos: invirtiendo en burbujas inmobiliarias con préstamos en un corto plazo y exponiéndose a instituciones financieras poco capitalizadas. Los gobiernos y bancos centrales debieron salvar a un ámbito financiero que estaba a puntito de implosionar y no hubiese sido capaz de efectuar sus funciones principales: servir a los depositantes minoristas, prestar a Pymes y administrar un sistema fluido de pagos».

El jurado resalta que «lo que tienen en común la Gran Recesión, la crisis de deuda europea y la presente recesión Covid son unos cómputos débiles» en las compañías, financieras y no financieras. «Los efectos macroeconómicos de unos cómputos enclenques habían sido enormemente ignorados ya antes de los años 90 del siglo veinte pese a que su relevancia es crucial».

Esa relevancia quedó clara en el paper de los profesores Ben Bernanke y Mark Gertler “Agency Costs, Collateral, and Business Fluctuations“, publicado en 1989 en la reputada gaceta American Economic Review. En él desarrollan un modelo que prueba que si una compañía debe salir a captar financiación en el mercado, el estado en que se halla su cómputo es clave: si la compañía presenta una situación financiera enclenque, va a aumentar la prima que debe abonar por la financiación, lo que reducirá su capacidad de adquirir préstamos y, por consiguiente, su inversión y, de modo vital, su actividad productiva. Esa reducción de la actividad va a arrastrar a la baja los flujos de caja y el coste de sus activos y el capital, lo que derivará en un mayor deterioro del cómputo. Se genera de este modo un «bucle fatal», en términos del jurado, que hace que ese pequeño shock inicial en los estados financieros de las compañías (por un ajuste en la producción, por servirnos de un ejemplo) derive en una retroalimentación que puede provocar una crisis.

«Las conversaciones preliminares sobre este artículo empezaron en 1983», ha contado el maestro Gertler poco tras conocer la nueva del premio. «Ben y nos conocimos a lo largo de un verano en el que compartimos vivienda en una enorme casa que había logrado un amigo común. Él era un enorme conocedor de la Gran Depresión y sus ideas nos llevaron a proponernos de qué manera el ámbito financiero podría ser un factor que extendiese los ciclos económicos, la interacción entre los dos planos». De este modo empezaron a redactar el artículo, en el que describieron ese «bucle desfavorable de retroalimentación», en sus palabras, al que dieron el nombre de acelerador financiero.

En sus trabajos siguientes, Bernanke y Gertler (nominados por Joaquín Maudos, catedrático de Economía en la Universidad de Valencia y directivo adjunto de Investigación en el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas) introdujeron el canal crediticio, el efecto amplificador que las activas de préstamos de los bancos agregan a ese bucle negativo: los bancos, en el momento de valorar una operación, tienen presente el valor de las inversiones a financiar, mas asimismo el ciclo económico y los estados financieros de las compañías que solicitan los préstamos. Los cómputos de las compañías, por consiguiente, ya estropeados por el impacto de la crisis extendida a la economía real, complican la financiación de las compañías en el canal bancario, añadiendo ese nuevo efecto multiplicador de retroalimentación. Este canal, conforme especifica el acta del jurado, «muestra de qué manera los bancos enclenques llevan a una crisis crediticia, en la que las compañías débiles (Pymes) que dependen de su relación con los bancos sufren».

El modelo Kiyotaki-Moore
En esos principios de los años ochenta en los que se conocieron los profesores Bernanke y Gertler, este último hizo una acción que define como «una de las mejores resoluciones profesionales que he tomado nunca», contratar a Nobuhiro Kiyotaki.

Poco después, el maestro Kiyotaki (nominado por Teresa García Milá, catedrática de la Universidad Pompeu Fabra y directiva de la Barna Graduate School of Economics) se trasladó al R. Unido, para efectuar una estancia en la London School of Economics, donde conoció al maestro Moore (nominado asimismo por la maestra García Milá y por József Sakovics, directivo interino de la Escuela de Economía de la Universidad de Edimburgo): sus despachos se hallaban uno al lado del otro. «Yo había acabado ya todo el temario antes que acabase el curso y se me ocurrió que podía solicitar algo de material al maestro Kiyotaki. Mis pupilos quedaron deslumbrados por su trabajo», recuerda el maestro Moore.

Moore, que había centrado hasta el instante su trabajo estudioso en aspectos microeconómicos, singularmente teóricamente de contratos y economía industrial, estaba atravesando una experiencia que resultaron determinante para la cooperación entre él y Kiyotaki: motivos profesionales le forzaban a trasladarse a Escocia, con lo que debía vender su casa en la capital británica en la mitad de una enorme crisis del mercado inmobiliario (a principios de los noventa). El coste que el mercado estaba presto a abonar por su residencia caía, mas el crédito hipotecario que tenía no reducía, con lo que se veía forzado a vender en un ambiente que le haría brotar grandes minusvalías.

Exactamente, al situar a los activos en el centro del modelo brota su gran aportación: el conocido modelo Kiyotaki-Moore, y el efecto multiplicador del colateral. Cuando las compañías asisten al mercado para financiarse deben usar algún activo como colateral, o sea, como garantía para el prestamista en el caso de un agravamiento de las condiciones financieras que pueda derivar en impago. El efecto retroalimentador aparece acá en una nueva forma: si los activos que las compañías emplean como colateral (inversión en maquinaria, recursos inmuebles…) se estropean, esto hace aún más difícil su acceso a los mercados financieros para poder realizar nuevas actividades productivas que les deje prosperar sus cómputos.

La clave, ilustra el acta, «reside en el papel doble del capital, como activo productivo y como colateral». «El efecto», prosigue, «es persistente: como las compañías invierten menos, el valor que el mercado descuenta de futuros beneficios se reduce, reduciendo aún más su valor neto. Este canal intertemporal estropea todavía más el valor del colateral, creando un bucle que amplifica aún más la recesión inicial».

Las dos parejas de estudiosos –Bernanke y Gertler por una parte, Kiyotaki y Moore por otro–, siguieron abriendo rutas de investigación en las que ponían su modelo con relación a las transmisiones cara y desde el sistema de finanzas y de qué manera las políticas monetarias podrían corregir estas imperfecciones. Los 2 primeros realizaron una serie de papers a fines de los noventa que, en palabras del jurado, han dado forma a «lo que se ha transformado en el modelo estándar del análisis de ciclos de negocio y política monetaria». Por su lado, los profesores Kiyotaki y Moore se centraron en la liquidez y sus efectos sobre el sistema.

Tal como recoge el jurado, el trabajo de los 4 premiados impulsó «una vasta literatura que se expandió con singular velocidad una vez que las grandes crisis financieras de 2008 demostraran con claridad la relevancia de sus ideas. Merced a sus contribuciones, el día de hoy es frecuente que los economistas examinen las implicaciones que los cómputos de las compañías tienen en la política monetaria, para los controles de capital, para entender el papel de la banca en la sombra –y sus riesgos asociados– y para las reformas regulativas prudenciales».

Todo ese trabajo estudioso sirvió como sustento argumental a las medidas poco ortodoxas, de flexibilización cuantitativa, que se aplicaron para batallar contra esas crisis. El maestro Kiyotaki asegura que dieron «soporte académico para explicar por qué razón esta política (el conocido como quantitative easing) no haría perder dinero a los gobiernos, sino podría producir un ingreso, aparte de prosperar o bien atenuar la crisis».

De este modo lo corrobora quien, en aquel momento, encabezaba la Reserva Federal de Norteamérica y se debió enfrentar a los efectos asoladores de los mecanismos económicos que, al lado de los otros 3 premiados, había descrito en sus modelos años ya antes, el maestro Ben Bernanke. «Sí, completamente, [nuestra investigación sirvió de apoyo académico a las decisiones que tomé cuando era presidente de la Reserva Federal]. Ahora no recordamos, mas había bastantes personas a lo largo de aquella crisis que argüían que aquello era un inconveniente de Wall Street, que no era un inconveniente para el resto de la economía. Yo estaba persuadido de que una enorme inestabilidad en el sistema de finanzas, incluyendo el colapso de una destacada empresa, sería destructor no solo para los inversores y empresas de Wall Street, sino tendría enormes implicaciones para toda la economía». Una percepción, concluye, basada en sus trabajos de investigación, que «subrayaba la relevancia de procurar estabilizar el sistema de finanzas para eludir las implicaciones para la economía normalmente, que en verdad vimos cuando la crisis empeoró en 2008. Conque este fue un principio fundamental que procuré llevar a la práctica».

En la presente crisis derivada de la pandemia de Covid-19, uno de los focos conflictivos está de nuevo en la debilidad de los cómputos de ciertas empresas y, tal como recoge el jurado, «preocupa que no puedan subsistir sin una prolongada inyección de dinero por los gobiernos y bancos centrales».

Para Mark Gertler la clave va a estar en cuánto dure el shock: «Lidiar con la presente crisis es, esencialmente, lidiar con el virus: que la vacunación siga avanzando, que haya garantías de que se emplean mascarillas y el resto de medidas preventivas… en ese sentido, resulta obvio que vemos signos de progreso tanto en USA como en la zona euro. Ahora bien, con los modelos de interés en cero, e inclusive por debajo, tanto en el corto como a largo plazo, parece obvio que existen límites sobre cuánto más puede la política monetaria alentar la economí»”.

A este respecto, el maestro Moore coincide en que «esta crisis de Covid-19 es aun más severa que la crisis financiera. Lo que comparte con ella es la erosión de los cómputos y el daño que esto hace a las inversiones, y de forma general, a toda la actividad económica. Mas además de esto, simultáneamente es un shock para la oferta de muchos productos y servicios, y al tiempo frena la demanda, por el hecho de que la gente está encerrada y no puede gastar, o bien han perdido poder adquisitivo y por consiguiente gastan menos. Por todo ello, creo que la crisis del Covid va a ser como un banco de pruebas para el pensamiento y los modelos macroeconómicos a lo largo de muchos años».

Fuente: ABC.es

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