Benjamin Lacombe, un viaje a todo color desde Japón a la aventura de la maternidad


El célebre ilustrador
Benjamin Lacombe
(París, 1882) nos regala su fantástica mirada por partida doble: ‘La mejor mamá del mundo’ (Lunwerg), con textos de Sébastien Perez, y ‘Espíritus y criaturas de Japón’ (Edelvives), basado en cuentos de la tradición oral japonesa que Lafcadio Hearn escribió en la segunda mitad del siglo XIX.

Curiosamente, los dos tienen en la portada la imagen de una zorra («me encantan», confiesa divertido) al tiempo que conectan con dos realidades rabiosamente actuales. En el caso de ‘La mejor mamá del mundo’, «porque simboliza ese vínculo tan sólido que tiene con sus crías y el contacto físico, que es tan importante y más en este periodo tan horrible que estamos viviendo con la pandemia»,

 apunta el ilustrador. En ‘Espíritus y criaturas de Japón’ representa a Kitsune, a juicio de Lacombe, el ser más fascinante de esta recopilación de relatos de Hearn. «Es un espíritu que juega con nosotros, con las apariencias, y yo creo que tiene su espejo en las redes sociales de hoy. Hay personas que se inventan una vida en ellas básicamente. Kitsune puede aparentar ser un hombre o una mujer solo para seducir y hacernos creer algo que no es», puntualiza.

Portada de 'La mejor mamá del mundo'

La naturaleza es otro gran denominador común en ambos títulos. La más pura biología les ha servido a Lacombe y Sébastien Perez para ilustrar la universalidad de la maternidad. Ciervos, aves, conejos, gatos, tortugas, tiburones… ‘La mejor mamá del mundo’ recopila casi una veintena de ejemplos del reino animal que muestran que no existe una única forma de ser madre y de que la maternidad no concierne solo a las hembras. «A veces los padres biológicos no están presentes, unas veces cría el padre, otras la madre… Nos encontramos con gente reaccionaria que es contraria a la idea de que existan dos padres o dos madres y suelen aducir que no es natural, pero, ¿qué hay más natural que la naturaleza?», señala Lacombe.

«Además, en el 80 por ciento de los libros infantiles protagonizados por animales la naturaleza está idealizada -prosigue el ilustrador- con una visión etnocentrista, que no es real. Por ejemplo, se representan familias de conejos en la que los padres están cocinando para los hijos, pero en realidad, el padre nunca está presente en la crianza porque vería a los conejillos como competencia. Lo que nosotros hemos hecho es reflejar la vida misma. No lo hemos imaginado. Es la naturaleza tal cual se presenta».

Familia de conejos en 'La mejor mamá del mundo'

A partir de una profunda investigación, Perez desgrana en sus textos cómo se desarrolla la crianza en cada especie, con ternura, pero sin ambages. Tenemos al papá pingüino emperador, que se hace cargo de su cría tras eclosionar los huevos, la mamá osa que expulsa a su compañero tras el apareamiento, la estricta mamá gata, la entregada mamá cisne… El instinto maternal no entiende de fronteras biológicas y cada caso resulta tremendamente humano.

«Ahora tendemos a observar a nuestros padres y pensar que reaccionamos de determinada manera porque nos criaron de una u otra forma. Hay que aceptarlo y asumirlo. Mi madre, en concreto, era el modelo de mamá gallina, sobreprotectora, por eso ahora pienso que me estreso ante determinadas situaciones porque ella ya no está para protegerme. Pero con lo que me quedo es que me dio lo fundamental, lo básico, me dio muchísimo amor. Eso es lo más importante y el mensaje que hemos querido transmitir en nuestro libro», aclara Perez.

Hechizo oriental

'La historia de Aoyagi', de 'Espíritus y criaturas de Japón'

Con ‘Historias de fantasmas de Japón’, Lacombe ya había caído en el hechizo del folclore nipón que tan magistralmente atrapó Lafcadio Hearn, el primer gran japonólogo de la literatura occidental, que en 1896 adoptó la ciudadanía del país del Sol Naciente con el nombre de Koizume Yakumo. Ahora, el ilustrador regresa al fantástico mundo de los ‘yökai’ que tanto le gusta con ‘Espíritus y criaturas de Japón’, en el que atrapa la magia de otros nueve relatos que Hearn esoge de la tradición oral nipona. «Hizo un trabajo realmente increíble y esencial. Para mí es el equivalente al que realizaron los
hermanos Grimm recolectando todas las historias infantiles de la época», señala el artista.

A través del ‘samébito’ (el hombre tiburón), el duende fluvial ‘kappa’ o los ‘oshidori’ (patos mandarines), y con una envolvente atmósfera entre onírica y acuática, trata la relación entre el hombre y la naturaleza, tan radicalmente distinta a la nuestra. «En Occidente, históricamente el hombre lo que ha querido es domesticarla, está a su servicio -explica el autor-. En Japón están mucho más avanzados, en la Edad Media (de cuando datan estos cuentos) ya veían a la naturaleza como algo que tiene ser respetado, que es más fuerte que nosotros. Eso lo está empezando a entender Occidente ahora».


Fuente: ABC.es .

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