Si hubiese que resaltar la primordial cualidad del Audi Q7 50 TDI, esa sería el elevado confort de marcha que ofrece. Y es que el mayor SUV de la casa bávara, concebido como su todocamino «de representación», deja viajar con un elevado nivel de comodidad merced a la agradable contestación de su propulsor, a su suspensión neumática opcional y a un enorme despliegue de soluciones tecnológicas, quedándose solo a medio escalón del A8 en esta materia y con la contraprestación de ofrecer unas cualidades off-road como resulta lógico mucho mayores merced a su mayor altura y al infalible sistema de tracción total quattro de Audi .

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Con sus cinco,06 metros de longitud, es el segundo modelo más largo de Audi, quedándose a poco del A8, que alcanza los cinco,17. Grandes cifras que, tras el volante, apenas se aprecian. El primer responsable es el sistema opcional de 4 ruedas directrices: a baja velocidad, las ruedas traseras viran hasta 5 grados en dirección contraria a las delanteras, facilitando mucho la labor de maniobrar, por servirnos de un ejemplo, en un parking. Cuando se sale a la carretera asimismo prueban su utilidad. En un caso así viran en exactamente la misma dirección que las delanteras, garantizando una mayor estabilidad.

El ajuste de la suspensión es excepcional, minimizando como pocos otros automóviles los resaltos de la vía, pese a sus dos.240 kilos, aun con el hándicap de las inmensas llantas de 22 pulgadas. De esta forma lo hemos apreciado con la opcional suspensión neumática adaptativa, que además de esto deja alterar en función de las diferentes necesidades la distancia al suelo, reduciéndola, por servirnos de un ejemplo, para circular a grandes velocidades, o bien aumentándolas para un recorrido fuera del asfalto. De paso, asimismo deja reducir la altura libre con el vehículo parado para facilitar la carga y descarga de pasaje y carga, opción que asimismo se puede manejar merced a una botonera ubicada en el maletero (desde la que asimismo se puede desplegar o bien replegar de forma automática la bola de remolque opcional). Asimismo entra en juego la opcional estabilización activa antibalanceo, que dismuyen el movimiento de la carrocería al circular por pistas rotas.

En marcha, el propulsor de 286CV fortalece esta sensación general de gran confort, al probar un comportamiento realmente agradable. Si bien prueba nervio si se le require, es generalmente suavísima y progresivo, singularmente con el modo perfecto Comfort del selector Drive Select, que actúa asimismo sobre la contestación del cambio Triptronic de 8 velocidades. El resto de modos son para primar la eficacia (efficiency), la deportividad (dynamic) o bien el carácter off-road, aparte de la opción configurable Individual y la equilibrada Auto. No hemos apreciado enormes diferencias entre ellos, alén de que el Efficiency hace algo más incómoda la conducción al ofrecer una contestación general menos fluida; y el Dynamic acrecienta un tanto la rumorosidad del motor percibida en el habitáculo (que, por otra parte, está realmente bien apartado).

Sobre el papel, homologa unos ocho,6 litros a los 100 quilómetros, que son justo los que hemos logrado a lo largo de nuestra prueba, de unos 325 quilómetros, predominantemente fuera de la urbe. Ahora bien, en nuestro caso ha pesado el fuerte calor, que nos ha obligado a hacer un empleo intensivo de la climatización y de los asientos ventilados, lo que ha supuesto en torno a medio litro «extra» a los 100 quilómetros (conforme el computador de abordo, que ofrece el dato separado).

Pese a ser diésel, luce la etiqueta ECO sobre el parabrisas, merced a un sistema de microhibridación (mild hybrid) de 48 voltios, que reduce el consumo, conforme Audi, en 0,7 litros cada centenar de quilómetros recorridos. El sistema combina un alternador-motor de arranque por correa (BAS) y una pequeña batería de iones de litio. En las frenadas, el BAS puede recobrar hasta ocho kW de energía eléctrica y dirigirla a la batería. Si el conductor levanta el pie del acelerador a velocidades de entre 55 y 160 km/h, el Audi Q7 puede recobrar energía o bien avanzar en modo de marcha por inercia con el motor apagado hasta 40 segundos. El dispositivo BAS vuelve a arrancar el motor cuando se pisa nuevamente el acelerador, de una forma más veloz y suave que un motor de arranque usual.

En el interior, el Audi Q7 hace gala de su situación de navío insignia. Abunda el cuero en el salpicadero, en los remates de las puertas y, evidentemente, en los asientos de ajuste eléctrico, que sostienen perfectamente el cuerpo (en nuestro caso eran los S plus, aunque todavía hay una alternativa más agradable, los Confort, pertinentes con el nivel de equipamiento S Line). La predisposición de 3 pantallas (una el cuadro digital Audi Virtual Cockpit de 12,3 pulgadas, otra la del infoentretenimiento y mapas y una tercera para la climatización) resulta moderna, sorprendente y práctica. El enorme inconveniente, tanto de ellas como de los remates en negro piano del salpicadero, es que son un auténtico imán de huellas.

Nuestra unidad estaba preparada además de esto para alojar a 7 pasajeros. Con esta configuración el habitáculo es muy modulable, y acomodarlo para 5 o bien 7 personas es labor simple y fácil, merced a las botoneras disimuladas en los laterales o bien en el maletero. El espacio con las 2 últimas plazas desplegadas, eso sí, es limitado, y el maletero -que puede lograr los 770 litros- se reduce hasta la mínima expresión, si bien todavía deja guardar múltiples maletas de tamaño cabina.

Ficha técnica – unidad probada
– Motor: diésel microhíbrido TDI 286CV

– Transmisión: automática Triptronic de ocho velocidades

– Tracción: total quattro

– Dimensiones: cinco,06/1,97/1,74

– Consumo medio: ocho,6 l/100 km

– Precio: 76.960 €

Fuente: ABC.es

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