Si bien están un tanto cansados de que les llamen el «CSI español», aceptan que una gran parte de su trabajo se conoce merced a la serie que viraba en torno a un laboratorio de criminalística de Las Vegas. Mas el conocido popularmente como DEVI, Conjunto de Delitos Violentos de la Brigada Provincial de Policía Científica de la capital española, uno de los cuerpos policiales más reputados, va mucho alén de solucionar crimenes sanguinolentos. Ciertos se sorprenderían al saber que estos agentes no solo asisten a efectuar inspecciones oculares en homicidios o bien agresiones sexuales: su «catálogo» de especialidades es bien extenso y asimismo deben desplazarse al sitio cuando se generan lesiones, secuestros, explotes, suicidios, descubrimientos de cadáveres que no sean españoles identificados, alunizajes, butrones o bien atracos con armas en toda la Comunidad de la capital española. O sea, que un equipo de estos agentes, formado por norma general por 3 funcionarios, salen diariamente a la calle. «Al mes, vamos a hacer noventa y pico salidas», mantiene Joaquín Carrasco, el encargado de la unidad. El «cuartel general» del DEVI está en el complejo policial de Moratalaz. En un pequeño despacho trabajan 14 policías, un inspector y el jefe de conjunto en turnos de mañana, tarde y noche. Carrasco explica de qué forma se ponen en marcha: «Normalmente nos informan desde la Sala del 091 y, conforme el caso para el que se nos requiera, llevamos las herramientas necesarias». La furgoneta en la que acostumbran a trasladarse es un mini laboratorio, un almacén con todo lo necesario: focos por si acaso hay que trabajar en un escenario a lo largo de la noche, el maletín concreto para incendios con detectores de acelerantes, el conocido «luminol» para advertir indicios de sangre si bien la superficie se haya lavado… Siempre y en toda circunstancia los últimos avances científicos que asistan a aclarar investigaciones policiales. La primera cosa que hacen estos hombres al llegar al sitio del acontencimiento es ponerse el mono y las calzas para no contaminar la escena y comenzar a trabajar. «Solemos ir en conjuntos de 3 pues uno toma fotografías, otro recoge muestras y el tercero apunta lo que se marcha tomando», explica Carrasco, que tiene una extensa trayectoria en la Policía Científica y le ha tocado estar en casos tan variados como el del registro de la «vivienda de los horrores» del pederasta de Urbe Lineal o bien la muerte de Rita Barberá en el hotel Villa Real de la capital española. Protocolo estricto Los agentes no pueden empezar a trabajar hasta el momento en que no llegue la comisión judicial si se trata, por servirnos de un ejemplo, de un homicidio o bien el registro de una residencia. Explican que «todo está muy protocolizado» y no dejan nada a la improvisación. Y es que hay que rememorar que todo cuanto hacen estos agentes puede ser puesto en lona de juicio, en tanto que es frecuente que deban ir a declarar en un juzgado para explicar su trabajo. Los abogados defensores del supuesto sospechoso se sujetarán a cualquier fallo, cualquier imprecisión en su trabajo para echar por tierra las pruebas logradas por estos agentes de Científica, pues son las más valiosas al tratarse de pruebas indubitadas (la sangre, el ADN o bien las huellas en un determinado sitio dejan poco margen para maniobrar a los abogados). De esta manera, cualquier fallo en la cadena de custodia o bien cualquier vestigio que haya podido ser polucionado inutilizaría, ya no su trabajo, sino más bien el del resto de los estudiosos para perjuicio, eminentemente, de la víctima. A estos agentes del «CSI español» no se les escapa una y es muy poco probable cogerles en un renuncio exactamente por la experiencia que les acredita y que les ha llevado aun a dar conversas en el extranjero a otros policías. Al trasladarse al sitio de un crimen, los agentes de Seguridad Ciudadana que han llegado anteriormente ya han delimitado la escena. Los del DEVI, una vez vestidos con todo lo preciso, efectúan un documental fotográfico y de vídeo y «procesan» la escena, conforme explica Carrasco. «Se procuran huellas, vestigios que sean de interés para la investigación y no todo cuanto pueda haber en el lugar». El proceso es el siguiente: se señala el sitio donde se halló el vestigio (los conocidos pequeños conos numerados de color amarillo), se recoge la muestra y se introduce en una bolsa o bien caja sellada para eludir su polución. «La esencial es patentizar que no ha habido una tercera persona», mantiene Carrasco. Solo se abren en el laboratorio. Las pruebas más esencial que procuran acostumbran a ser el arma homicida, que puede conducir a la identificación del autor del crimen bien por el ADN o bien por las huellas que haya en la misma; y asimismo la existencia de sangre en un sitio determinado ( como ocurrió en el caso de Laura Luelmo dentro de la residencia de Bernardo Montoya) o bien huellas de mano o bien zapatos. ADN en menos de un mes Las cajas se apartan y se llevan al laboratorio químico o bien al de ADN, que está en la Comisaría General de Científica, no en Moratalaz. Los resultados –se mandan a los agentes de Homicidios, que son las personas que están estudiando y al juzgado que le haya tocado la causa –tardan más de lo que les agradaría mas acostumbran a tenerlos en menos de un mes. No siempre y en todo momento son muy precisos y en ocasiones solamente puede extraerse una pequeña una parte de muestra que, si bien reduce el número de sospechosos, no siempre y en todo momento apunta a uno solo. Ocurrió en el caso del pederasta de Urbe Lineal. El ADN extraído del atacante de una de sus víctimas lanzó un «haplotipo Y» que podía pertenecer a la línea paterna de esa familia (su padre, su tío y su hijo, además de esto de él). Van a ser el resto de rastros hallados por los estudiosos los que dejen descartar al resto. Cuando se genera un crimen, estos agentes de Científica asimismo están presentes en la necropsia practicada al cadáver. «Allí recogemos muestras de sangre indubitada y ropa dañada por el arma» que puede lanzar datos sobre el género de arma homicida. En la práctica forense asimismo está algún agente de Homicidios del conjunto que investigue el caso. Al finalizar, les mandan el acta y asimismo al juzgado que lleve el caso. Si bien estos especialistas están habituados a ver todo género de escenas dantescas, para Carrasco quizás uno de los casos más difíciles de trabajar fue la «operación Candy», abierta por el caso del pederasta de Urbe Lineal. «Sobre todo, por la presión que había», reconoce. De abril a agosto de 2014, Antonio Ortiz hirió sexualmente a, cuando menos, 4 pequeñas y la sociedad madrileña estuvo asustadísima al saber que un pederasta andaba suelto y actuaba de forma periódica. El caso supuso múltiples contrariedades mas consiguieron echarle el guante el 24 de septiembre del mismo año.

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