Así es la refininería española que convierte el CO2 en biocombustible



Cuando daba la sensación de que habíamos llegado a un punto de no retorno con respecto a la electrificación de los vehículos, los llamados «ecocombustibles» se transforman en una opción alternativa real, en la que España tiene mucho que decir.

Su composición química deja su empleo en los automóviles actuales con motores de combustión, que suponen la enorme mayoría del parque automovilístico, y al tiempo facilita el aprovechamiento de las infraestructuras ya existentes de repostaje y distribución. Conforme explica Miguel Ángel García Carreño, Gerente de Desarrollo de Procesos de Repsol Technology Lab.«en campos como el transporte pesado por carretera o bien la aviación, que son difícilmente electrificables, estos ecocombustibles van a resultar esenciales por el hecho de que son una solución real y libre para reducir las emisiones».

2 grandes proyectos en España pueden lograr que sea realidad el «Plan B» y por ende ser una opción alternativa a la dependencia de un enchufe y un punto de recarga, que hoy día son los primordiales escollos a la electrificación del parque automovilístico.

Repsol ha anunciado la construcción en Cartagena de la primera planta de España de fabricación de este género de ecocombustibles, que generará 250.000 toneladas anuales desde 2023. A esto se unirán modificaciones en unidades existentes y nuevos proyectos para lograr un total de uno con tres millones de toneladas de productos desde materias renovables en 2025 y más de dos millones en 2030.

Desde hidrógeno y materia prima reciclada (que puede ser desde aceites de fritura, grasas o bien la fracción orgánica de los restos urbanos, a biomasa proveniente de restos agrícolas o bien forestales), en la planta de Cartagena se van a poder fabricar biocombustibles avanzados, como hidrobiodiésel (HVO por sus iniciales en inglés), biojet, bionafta y biopropano. El resultado van a ser unos biocombustibles que se pueden emplear sin modificaciones en los motores actuales y que van a significar un ahorro de emisiones de 900.000 toneladas de CO2 por año, una cantidad afín al CO2 que absorbería un bosque del tamaño de 180.000 campos de futbol. Va a suponer una inversión de 188 millones de euros y en su construcción van a trabajar unos 1.000 profesionales.

Por otra parte, la compañía está inmersa en el desarrollo en el puerto de Bilbao de un proyecto renovador a nivel del mundo para generar comburentes sintéticos con cero emisiones netas, utilizando hidrógeno renovable y CO2 capturado en los procesos industriales de la refinería de Petronor. En esta planta se conseguirán comburentes sintéticos que se pueden emplear en los motores actuales de vehículos, camiones o bien aeronaves. Para esto, empleará como únicas materias primas CO2 capturado en la refinería de Petronor y también hidrógeno producido con electricidad 100% renovable. El CO2 emitido por estos comburentes en su ciclo vital completo es equivalente al que se atrapa y emplea en su fabricación, de lo que resulta un cómputo neto de cero emisiones.

Con una producción inicial de 50 barriles al día, escalable en función de los resultados, la planta va a ser una referencia tecnológica en Europa en el desarrollo de un género de comburentes «que creemos jugarán un papel creciente en la movilidad», asegura García Carreño .

El proyecto es del mismo modo novedoso por la utilización como materia prima de CO2 capturado en las próximas instalaciones industriales de Petronor, una de las pocas refinerías del continente que cuenta con infraestructura para la atrapa y empleo del CO2.

En el campo de los ecocombustibles gaseosos, el puerto de Bilbao acogerá asimismo una planta de generación de biogás desde restos urbanos, que se empleará para sustituir una parte del consumo de comburentes tradicionales que nutren la producción de la refinería de Petronor. Con una capacidad inicial para procesar 10.000 toneladas de restos por año podría lograr las 100.000 toneladas, el equivalente a todos y cada uno de los desechos de este género generados en su ambiente.

También, la compañía prevé substituir parcialmente en sus procesos industriales el gas natural por biogás producido desde lodos de aguas residuales, purines de explotaciones ganaderas o bien licores de la industria del papel, como herramienta auxiliar para conseguir el propósito de ser cero emisiones netas en 2050.

Para cerrar el círculo en el aprovechamiento de los recursos «el biogás asimismo puede llegar a transformarse en un producto que ofrezcamos a empresas o bien hogares o bien servir como comburente para la movilidad», concluye García Carreño.

¿Es posible hacer biocombustible desde algas y vegetales?
La industria de la aviación se ha marcado como objetivo para 2050 reducir a la mitad las emisiones de CO2 del transporte aéreo, que el día de hoy suponen un dos% del total de emisiones globales. Para alcanzarlo, los biocombustibles jugarán un papel clave. Ya se están desarrollando biocarburantes extraídos de cultivos no alimenticios, como la camelina. En un futuro próximo, la producción a gran escala va a venir de las microalgas.

La camelina es un cultivo herbáceo aceitoso que genera una cantidad esencial de aceite y que tiene la peculiaridad de que se puede cultivar en tiempos temperados y fríos, como el de España. Su adaptación a suelos de bajo desempeño y su resistencia a heladas y sequías, «nos va a permitir ampliar las materias primas que podemos usar para generar bioenergía».

La demanda creciente de biocombustibles no será cubierta solo por aquellos extraídos de cultivos terrestres, como la jatrofa o bien la camelina. Los especialistas adelantan que la enorme reserva para los bioquerosenos de aviación va a venir de las microalgas, que son los sistemas vivos de origen vegetal que medran más veloz, generan más aceite y que aprovechan más el sol.

Si bien los avances en este campo son veloces, aún quedan desafíos por solucionar, como el lograr amaestrar este cultivo y supervisar su producción y ser capaces de generar la energía de una manera a nivel económico competitiv.

Fuente: ABC.es

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