Poquito a poco la acusación particular y la Fiscalía están logrando que los testigos que declaran en el juicio por el crimen de Gabriel avalen la tesis de que Ana Julia Quezada actuó aquel 27 de febrero con premeditación. Francisco Cruz, hermano del padre de Gabriel, aseguró el día de ayer que en el cortijo de Rodalquilar, en Níjar, propiedad de su familia jamás había estado ya antes ni la zapa ni el hacha que la acusada empleó para sepultarle.
La sesión contó con el relato del teniente y el capitán de la comandancia de la Guarda Civil de Almería que fueron instructor y secretario de las diligencias y que desde el primero hasta el último minuto trabajaron en el caso y sin separarse de la familia.

Sus declaraciones fueron destructoras pues desmontaron por completo la imagen que Ana Julia vendió el martes al jurado presentándose como una mujer arrepentida y dolida que mató accidentariamente al hijo de su pareja y que entonces no supo qué hacer.
El capitán que charló con ella diariamente, en persona o bien por teléfono, aseguró que Ana Julia no dio “ni el día de su detención ni ningún otro” ni una señal de arrepentimiento. Y contra lo que afirmó de que deseaba que la descubrieran para liberarse de la culpa, lo que hizo fue enturbiar la investigación y complicarla señalando de manera directa a su expareja, Sergio Melgizo.

Quezada llevó a los estudiosos a la finca de Rodalquilar, que inspeccionaron sin ver nada sospechoso

Tampoco era probable que la mujer tuviese la pretensión de suicidarse, como declaró. El día que fue detenida con el cadáver del pequeño en el maletero de su turismo. La Guarda Civil no halló más de doce pastillas, en su mayor parte relajantes musculares, entre su bolso y la casa de Vílcar. En la mesa por la noche de la habitación primordial hallaron una pequeña bolsa con poco más de un gramo que los estudiosos ya apuntaban que podría tratarse de coca, como entonces confirmó el laboratorio.

Ese día, la mujer lo único que pretendía era sacar el cuerpo sin vida de Gabriel del escondite que conforme los estudiosos “siempre fue provisional”. Y en ningún caso forzar su descubrimiento. Tanto es de esta manera, que el capitán que esa mañana del 11 de marzo escuchaba en riguroso directo desde el puesto de mando lo que Ana Julia afirmaba en voz alta mientras que circulaba con el cadáver en el maletero sin saber que tenía micrófonos descubrió el día de ayer una de esas frases: “Tranquila, Ana, no irás a la cárcel”. Animándose a sí. Minutos ya antes, los guardas civiles que la proseguían de cerca y ya no la perdían de vista la vieron como desenterró al pequeño y lo guardó en el maletero.¿Por qué razón no la detuvieron en ese momento? Puesto que lo explicaron asimismo los 2 oficiales. Pues frente a la patentiza de que Gabriel ya estaba fallecido había que descartar que la mujer tuviese otro cómplice con el que había trabajado todo este tiempo.
Se preguntó por qué razón no se entró ya antes en esa finca de Rodalquilar. Y sí se entró. La Guarda Civil accedió con Ana Julia y también inspeccionaron la casa y los aledaños. Nada les hizo sospechar que el crío pudiese estar dentro. Ni a ellos, ni a los familiares y dueños que aun llegaron a dormir los primeros días de la busca sin sospechar que el pequeño estaba sepultado bajo una pila de graba al lado de la piscina.

“No tenía sentido que el pequeño estuviese allá dentro pues hasta allá la mujer iba diariamente con familiares”, reconoció el teniente. Asimismo aceptaron que Ana Julia Quezada acaparó todas y cada una de las sospechas de la Guarda Civil desde el momento que ella encontró la camiseta del niño en un paraje que ya había sido rastreado. Desde ese día la vigilaron, la llegaron a perder incluso en un seguimiento el día que se desprendió de la ropa del niño en un contenedor. Alimentaban la posibilidad de que lo hubiera secuestrado y permaneciera aún con vida. En caso contrario, esperaban el instante en que les llevara hasta el cadáver. Como así sucedió.

El sargento, con Patricia en el suelo de la comandancia

El sargento de la Guardia Civil que desde el primer día hizo de enlace con la familia de Gabriel trasladó ayer al tribunal una secuencia elocuente de lo que fue el trabajo de los investigadores aquel día. Había entrevistado a una abuela desorientada y absolutamente destrozada de la que no podía fiarse de los tiempos de salida del niño y de la novia de su hijo de la casa. “El factor tiempo en las Hortichuelas tampoco es para tenerlo muy en cuenta”, dijo. Necesitaba entrevistar a la madre del niño y escuchar su versión. Mandó que fueran al monte donde estaba buscando a su hijo y que la trajeran a la comandancia. Cuando el oficial llegó al cuartel halló a la madre en el suelo. “Lloraba sin consuelo, pataleando, golpeándose contra todo”, describió. Decidió tumbarse en el suelo junto a . Los dos tirados en el suelo, la calmó y le afirmó: “Patricia, necesito que te incorpores ahora, que te sosiegues y que entres ahora en ese despacho conmigo y nos pongamos a trabajar para buscar a Gabriel. Te necesito para localizar a tu hijo”. No hizo falta decir más.

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