Amaral, noche de clásicos en el Wizink


Está la gente en la pista. Se vuelve a bailar de pie en los conciertos y la danza de hormiguitas saltarinas está de vuelta como si nunca se hubiera ido. Ayer, en el Wizink, le tocó a Amaral, que vino con su último disco -‘Salto al Color’– bajo el brazo. Es un trabajo bueno de pop que, aunque no tiene éxitos como los de antaño, consolida la carrera del dúo.

Empezaron, después de una intro algo teatrera, con ‘Señales’, del nuevo trabajo. Pop electrónico que busca emular la radio fórmula de 2021 con moderado éxito.

Sonó después el primer ‘hit’ de la noche, ‘El Universo sobre mí’, muy bien hilada por una armónica bluesera con la mítica ‘Marta, Sebas, Guille y los demás’ que, a priori, parecía un himno generacional, aunque ayer en el Wizink se dieron cita veteranos y noveles.

‘Hoy es el principio del final’, otra buena canción de directo, mantiene alta la energía con una base de percusión muy interesante entre batería y sintetizador/caja de ritmos.

Hubo un acople molesto, cosa extraña, durante estas primeras canciones. A Eva Amaral le molestó visiblemente, hubo un breve parón y no se volvió a escuchar, aunque es cierto que la parte electrónica se escuchó algo enfangada siempre.

Las canciones ‘viejas’ del dúo, que son bastante buenas, ya no suenan tan frescas como entonces, y las nuevas, más frescas, no son tan buenas. Es un ser cruel e inflexible Cronos, quita más de lo que da, aunque siguen siendo temas con mucho gancho y delicadeza en la composición.

Menciones especiales para ‘Nuestro Tiempo’, ‘Revolución’ y ‘Ruido’. Esta última, de lo más interesante del concierto, triunfó con un arreglo en el que percusión y bajo son masivos y apenas se aprecia el medio/agudo de las guitarras. Victoria por avasallamiento.

Cedieron, antes de ‘Ruido’, el centro del escenario a Lucía Ruibal, bailarina, con quien interpretaron ‘Soledad’. La canción es triste, casi ambience en su ‘approac’h, con unas guitarras muy etéreas y maravillosas voces adornando el arreglo.

En cuanto al dúo, estuvieron en su línea. Ella mantiene intacta la voz, estuvo fuerte y sensible en una noche buena. Él, Juan Aguirre (compositor y cofundador), es guitarrista de oficio: hace su trabajo sin mutar el gesto. No se ríe, no se enfada… vive dentro de la música.

La propuesta del dúo, muy electrónica, sustituye teclados por Macs (así de lejos ha llegado Steve Jobs) más bajo, batería y las guitarras de Aguirre. Suena bien y es más cercano a lo que se escucha en el disco, pues pueden reproducirse los detalles de estudio que suelen desecharse en el escenario.

Recta final

Las nuevas canciones no están mal, pero cuando suena ‘Moriría por vos’ se aprecia rápido la diferencia. Tienen un algo, ese toque, ese soplo de divinidad en el tuétano que las separa de las demás. Dicho esto, y para cubrir también mi retirada, esto es todo muy subjetivo, ya que mientras escribía estas líneas 10.000 personas saltaban.

Recorrieron todo el nuevo disco, intercalando lo nuevo con ‘hits’, y fue bonito ver cómo la vida, irreducible, vuelve a abrirse paso entre el caos.

‘Ondas do mar’, casi un mantra, y ‘Kamikaze’ con buenas guitarras, destacaron en la aproximación al final.

Los bises, ‘Sin ti no soy nada’, ‘Salir corriendo’ y ‘Peces de colores’ terminaron de extasiar a la hinchada en una noche nostálgica donde triunfaron los clásicos. Porque, a veces, repetirse es lo mejor.


Fuente: ABC.es .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *