La larga negociación por el gobierno del Ayuntamiento de Madrid terminó anoche con una comparecencia conjunta de José Luis Martínez Almeida (PP) y Begoña Villacís (Cs) en la que anunciaron su pacto a dos para repartirse el poder, la Alcaldía para Almeida, y la vicealcaldía para Villacís. Presentaron el acuerdo «del cambio», resaltando sus medidas programáticas, pero aunque los dos incidieron en dar por hecho su nuevo gobierno, que hoy tiene que ser votado, éste no tenía todavía anoche cerrado el apoyo de Vox por el rechazo a concederles las concejalías que exigen. Hasta anoche tampoco se habían sentado representantes de Ciudadano con la delegación negociadora de Vox, aunque sí parece que ha habido contactos por diversas vías, según informó el partido de Santiago Abascal. Además del pulso entre PP y Ciudadanos por el reparto de cargos, el gran obstáculo está siendo Vox y la manifiesta incompatibilidad de sus exigencias con la postura fijada por el partido de Albert Rivera. Cs quiere sus votos, son imprescindibles, pero han mantenido su negativa a sentarse con ellos y a dejarles entrar en el gobierno. El partido naranja vivió ayer su propia jornada de alta tensión interna por la política de pactos, condicionada por la decisión de Rivera de dar un giro a su estrategia, es decir, renunciar a ser partido bisagra, su naturaleza original, para buscar sólo el cuerpo a cuerpo con el PP por la derecha. Y el problema no es sólo el ex primer ministro francés y candidato por Barcelona, Manuel Valls, aunque sea su rostro más simbólico. El gran problema de fondo es que en la misma dirección del partido hay más sensibilidad de izquierdas y cercanía al PSOE que al PP, y ni qué decir que a Vox. Vox dio el puñetazo en la mesa en plena negociación en Madrid al lanzar la amenaza de dejar la Alcaldía de Zaragoza en manos de la izquierda porque el PP y Ciudadanos no habían contado con ellos para repartirse las capitales aragonesas. En cuanto al pulso en Madrid, el jueves se reunió el PP con Vox, y la valoración de este último fue que «se alejaba» el riesgo de un Gobierno de Manuel Carmena. Pero PP y Ciudadanos han intentado ajustarse todo lo posible al modelo andaluz, del que se arrepiente Vox, como reveló personalmente su líder, Santiago Abascal, en la entrevista que publicó este periódico el pasado jueves. En esa entrevista Abascal, a 48 horas de que esta mañana se constituyan todos los consistorios, fijaba como condiciones para contar con sus votos, imprescindibles para desplazar a la izquierda del poder, que se le permitiese una representación en el primer nivel del gobierno proporcional a su representatividad, y que Ciudadanos abandonase la posición de vetarles oficialmente en la negociación. El grueso del reparto en el Ayuntamiento de Madrid se ha «cocido» en negociación mano a mano entre PP y Ciudadanos. Con los populares como mediadores con Vox, pero lo que en Andalucía funcionó, Vox no ha dejado de advertir ante este nuevo pacto que era un patrón que ya no iba a aceptar. Dar sus votos prácticamente gratis, sin entrar en gobiernos y sin forzar que se incluyese de partida en el acuerdo programático sus principales banderas contra las políticas de ideología de género o inmigración, por ejemplo. Frente a su exigencia de estar en Áreas de Gobierno, el PP les ha ofrecido tres Concejalías de distrito de los doce que corresponden a los populares, así como el control de una de las empresas municipales, Calle 30. Hay que tener en cuenta que Vox tiene cuatro concejales en el consistorio madrileño de los cuales dos son también diputados en el Congreso con dedicación parcial en sus tareas locales. A primera hora de la tarde Iván Espinosa de los Monteros decía que el acuerdo estaba más cerca. Y a las diez de la noche comparecieron Almeida y Villacís para anunciar que había pacto. A dos. Villacís acepta a Almeida como alcalde de Madrid, con casi un centenar de medidas programáticas compartidas. Sin embargo, a última hora Espinosa de los Monteros se enrocó en el no al acuerdo PP y Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid sin dar más explicaciones.

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