«Al Daesh, como a los talibanes, hay que combatirlos con las ideas y la arqueología es útil»

Publicado el Por Sara Vargas


En los rostros de Giorgio Buccellati y de su esposa Marilyn Kelly-Buccellati se dibuja un rictus de dolor cuando se les menciona a Khaled Asaad, el arqueólogo de Palmira que fue decapitado por integristas del Daesh por negarse a revelar dónde se encontraban los tesoros arqueológicos de esta ciudad histórica. «Era muy buen amigo nuestro», dice esta pareja de arqueólogos que se vio obligada a abandonar Siria cuando comenzó esta larga guerra, en 2011. Aunque los soldados del autoproclamado Estado Islámico avanzaron hasta pocos kilómetros de Urkesh, por fortuna no llegaron hasta esta ciudad mesopotámica descubierta por el matrimonio Buccellati en el noreste de Siria.

El patrimonio desenterrado en la antigua capital de los hurritas se libró entonces de la

 barbarie de los radicales islámicos y es posible que haya quedado a salvo por años, al menos durante la siguiente generación. Porque los Buccellati no han dejado de trabajar en el mantenimiento y la protección de este yacimiento, aunque lleven una década sin poder excavar allí.

Sus investigaciones acerca del edificio sobre el que se levantó el templo de Urkesh alrededor del 2600 a.C. aún aguardan su regreso. «¿Ves este pequeño ángulo de esquina? Es de mil años antes -señala a ABC el reputado arqueólogo mientras muestra una fotografía del lugar-. Esto quiere decir que ya en el 3500 a.C. había allí una ciudad. Era algo importante y habíamos empezado a excavarlo, pero no pudimos continuar».

La fosa nigromántica de Urkesh

Durante estos últimos años ellos han visitado un par de veces Urkesh, pero aún resulta imposible llevar hasta allí a un equipo de colegas y estudiantes para continuar las excavaciones. La guerra continúa y «es demasiado peligroso», reconocen. Pero en sus visitas han podido comprobar que los miembros sirios de su equipo están cuidando del yacimiento y que las iniciativas que continúan impulsando desde Estados Unidos prosperan.

«Hemos desarrollado un programa de educación y de implicación de la gente local, con visitas para los turistas locales, talleres y conferencias que nuestros colaboradores ofrecen en pueblos y casas privadas», explica el profesor emérito de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) en su reciente visita a Madrid.

Visita escolar al yacimiento de Urkesh

Sus proyectos han derivado en dos consecuencias importantes. «La primera es que no hay vandalismo, porque la población local está implicada y defiende su propio territorio, y la segunda, todavía más importante, es que ofrecemos un antídoto real ideológico al terrorismo. Todas estas personas no se unirán jamás al Daesh porque están tan identificadas con su pasado que jamás pensarán en traicionar su propia historia», asegura convencido.

Para Buccellati, a los occidentales nos cuesta entender que el Daesh, o el movimiento talibán de nuevo de actualidad por su toma de Afganistán, «son movimientos ideológicos que tenemos que combatir con las ideas y la arqueología sirve para ese fin». Su último libro está dedicado precisamente a los proyectos que han desarrollado en Urkesh en esta última década en este sentido. En él enseña a ABC fotografías de la visita como huésped de honor de un sacerdote armeno con las autoridades kurdas y árabes de la ciudad, o de niños que desde Urkesh conectaron con grupos de italianos de su edad y hablaron de su cultura o tocaron para ellos con violines y flautas desde la escalinata de la antigua ciudad hurrita.

Un grupo de visitantes en la fosa nigromántica de Urkesh

El motivo que le ha traído hasta España, sin embargo, ha sido la publicación en español de su obra ‘
Cuando en lo alto los cielos… La espiritualidad mesopotámica frente a la bíblica
‘ (Ediciones Encuentro) y las conferencias que sobre este tema ha impartido este septiembre en la Universidad San Dámaso en Madrid. En el despacho del profesor Ignacio Carbajosa, organizador del curso, Buccellati explica que además de los textos escritos conservados que describen la forma de vivir en Mesopotamia «hay materiales que se encuentran en la arqueología que nos hablan de su espiritualidad».

Incluso hay ejemplos de materiales anteriores a Mesopotamia, continúa el arqueólogo que menciona una calavera prehistórica descubierta en el Cáucaso de una persona que vivió dos o tres años sin dientes antes de morir. «De esta evidencia no escrita, de esta calavera, podemos inferir dos cosas que tienen que ver con la espiritualidad antigua. La primera, que las personas que vivían con esta persona cuidaban de ella y además, durante un periodo largo, y la segunda, que sabían que estaba más cerca de la muerte. El amor y el miedo a la muerte son dos factores universales humanos. Es un ejemplo de cómo documentos no escritos nos pueden hablar de la espiritualidad», explica.

Una fosa nigromántica

En Urkesh se vivía una religiosidad que, aún siendo mesopotámica, era diferente a la de los sumerios o los babilónicos. En esta ciudad hurrita han descubierto una profunda fosa nigromántica de unos tres metros de diámetro.

El matrimonio Buccellati, en e interior de la fosa

Según relata Marilyn Kelly-Buccellati, profesora emérita de la Universidad Estatal de California, contaba con una escalera para bajar muy estrecha e inclinada, que se cerraba en su parte superior con una piedra, y en su interior han encontrado diferentes niveles con círculos y huesos de cerdos y perros, ofrendas para los dioses de la ultratumba.

Una fosa como ésta se menciona en un relato bíblico en que el rey Saúl acude a la bruja de Endor para contactar con el espíritu del profeta Samuel ya fallecido. «La palabra en hebreo y en hurrita para referirse a esta fosa nigromante es la misma. El hebreo la tomó del hurrita», asegura Buccellati.

Para el arqueólogo, la fosa de Urkesh «es el testimonio monumental y el más antiguo de este texto bíblico».

La tablilla de arcilla encontrada en Urkesh

En la ciudad de los hurritas han hallado también otro elemento con una vinculación bíblica. En uno de los muros del gran palacio real descubrieron una tablilla de arcilla única, que muestra el diseño de tres estancias que se corresponden con unas que han excavado. En un extremo de la tablilla se aprecia una incisión que debía repetirse en el otro extremo, hoy perdido. Estos agujeros servían para fijar las medidas con las que los obreros debían construir esas estancias.

Giorgio Buccellati

«En la Biblia se habla muy a menudo de la piedra angular. Los textos dicen que es una piedra malforme, que no se puede utilizar para la construcción, “la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”», recuerda Buccellati antes de señalar que aunque la metáfora se utiliza para Jesús, que es visto como la piedra de la que depende todo el edificio, «la piedra angular es la piedra de la que se toman las medidas para construir la casa». Otro nexo de unión.

Fragmentos importantes

Si se le pregunta a Buccellati el porqué de su interés por Mesopotamia responde con un sencillo pero contundente: «porque es importante». Sus estudios de griego, latín y hebreo encaminaron sus pasos hacia el mundo mesopotámico, pero el descubrimiento de la ciudad de Urkesh se debió a una casualidad.

El montículo de Tell Mozan había sido explorado en la década de 1930 por Max Mallowan, el marido de Agatha Christie. Sin embargo, según relató la propia escritora de novelas de misterio en una autobiografía, Mallowan abandonó los trabajos, desinteresado al creer que eran restos romanos. Durante una excursión por la zona, los Buccellati se acercaron a echar un vistazo. «Fuimos a ver los restos de cerámica romana del sitio y allí no había nada de romanos, era del tercer milenio, así que decidimos excavar», recuerda Giorgio.

Marilyn Kelly-Buccellati y Giorgio Buccellati, en Madrid

Desde que comenzaron sus investigaciones en 1984, estaban convencidos de que se trataba de la ciudad de Urkesh, porque existían documentos que indicaban que debía de estar situada por aquella zona del noreste de Siria, pero hasta una década más tarde no lo pudieron confirmar. Fue en 1995, cuando entre miles de fragmentos de sellos de arcilla lograron encontrar el nombre de la ciudad, así como valiosa información sobre los siervos del rey o de diferentes reinas, una de ellas hija del gran rey de Mesopotamia. «Por el análisis de estos pequeños trozos de cerámica hemos llegado a saber datos históricos muy importantes», subraya Marilyn.

Quién sabe cuántos más permanecen aún bajo tierra en Urkesh. «Esperamos que Dios nos permita volver. Ojalá», dicen ambos. Quien dirigirá las futuras campañas será sin embargo su hijo Federico, también arqueólogo. «Nosotros somos los abuelos de la excavación», comentan entre risas.


Fuente: ABC.es .

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