Los amantes de la buena comedia probablemente debamos rememorar el pasado 25 de octubre. Es el día que Netflix estrenó la sexta temporada de BoJack Horseman y la segunda de El procedimiento Kominsky. Es el día, por consiguiente, que nos pusieron un total de dieciséis capítulos de comedias excepcionales a nuestra disposición, de lo mejor que vamos a haber visto este 2019, y por cosas como esta hay que dar merced a la plataforma.

Las 2 volvían con el deber de sostener el listón. Estaba muy alto. BoJack Horseman está en su vira de despedida (en el primer mes del año se estrenarán los últimos capítulos) y hasta el instante jamás nos había fallado. El procedimiento Kominsky, con un Alan Arkin gigante a sus 85 años, tenía el reto de reiterar los malabares de la primera temporada: ser comedia, tocarte el corazón en todos y cada episodio y continuar desmontando la idea mental que teníamos de Chuck Lorre (sí, su autor es exactamente el mismo que el de 2 hombres y medio y The big bang theory).

‘BoJack Horseman’ jamás pierde de vista a los personajes.
(Netflix)

Las 2 se salieron de balde de sus desafíos. BoJack Horseman, esa serie capaz de hablarte sobre el aborto con una canción pop, de meterte una trama de asexualidad en una de las joyas de Netflix, de sostener íntegro (y elevar) el espíritu narrativo y ideal de la serie con capítulos distinguidos (el de bajo el mar sin diálogos, el del entierro que es un monólogo), probó de nuevo que tiene un autor, Raphael Bob-Waksberg, que comprende tanto su cosmos de ficción como tiene tomado el pulso a los personajes.

De este modo lo prueban los flashbacks de los primeros tragos del caballo alcohólico que protagoniza la serie o bien un episodio centrado en Princess Carolyn que transmite de manera visual, auditiva y argumental el caos mental de una madre soltera y trabajadora. ¿Y qué decir del episodio centrado en el enfrentamiento existencial de Diane o bien el que comienza definiendo mejor que jamás a Pickles y las redes sociales?

Este episodio es ORO (y también un poco caótico).

Este episodio es ORO (y asimismo un tanto anárquico).
(Netflix)

Y, si BoJack Horseman contiene exactamente el mismo nivel de humor, poso trágico y gracietas a diferentes niveles (el visual, el verbal, el meta), El procedimiento Kominsky recobra de las mejores activas televisivas con Michael Douglas y Alan Arkin como 2 veteranos del Hollywood de hoy día, ya no preocupados por su carrera y sí por vivir con determinada calidad de vida la última etapa de sus existencias.

No revoluciona el coctel de la primera temporada (por el hecho de que no le hacía falta) mas sí lo sostiene con varias novedades: un cameo de Kathleen Turner que da la vida por su carrera conjunta con Douglas o bien Jane Seymour (La doctora Quinn) en un papel que nos recuerda que hay un instante de la vida donde no merece la pena perder ni un instante. Y, cuando Lorre se saca de la chistera una lección de Sandy Kominsky a una pupila que trata la interpretación con condescendencia, convalida su estado de gracia como argumentista.

Jane Seymour, nueva incorporación a 'El método Kominsky'.

Jane Seymour, nueva integración a ‘El procedimiento Kominsky’.
(Michael Yarish/Netflix / Michael Yarish/Netflix)

Lo único que me saca de quicio de El metódo Kominsky es que no entrara en los premios Emmy como mejor comedia o bien que Arkin perdiese contra Tony Shalhoub (The Marvelous Mrs Maisel). ¿Por qué razón no se tiene el debido respeto a los mayores (en talento)? Injusticia.

El procedimiento Kominsky recobra de las mejores activas de la televisión: la de Michael Douglas y Alan Arkin

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