Los partidos del centro derecha se mueven a ciegas mientras que preparan unas nuevas elecciones bajo el mantra del «por si acaso». No cabe duda de que no fructificará la marca España Suma, y tienen asimismo claro que la participación fue definitiva en el resultado de las elecciones de abril y lo va a ser en el mes de noviembre si se abren nuevamente las urnas. Mas están atados de manos, o bien atados, más bien, a de qué forma se resuelva el pulso entre el Partido Socialista y Unidas Podemos. Sobre quién parte en mejor situación, teóricamente es el Partido Popular, mas, incluso de este modo, en el primordial partido de la oposición prefieren, en su mayor parte, que no haya elecciones. El rechazo a las urnas no es por temor a una crisis interna. Pablo Casado tiene el control del partido, si no total, sí en lo determinante para cancelar cualquier peligro de revuelta por mal que le fuesen los resultados de unas nuevas elecciones generales, que tampoco semeja que fuera a ser de este modo. Los suyos han tomado el mando de los primordiales «fuertes» desde los que sostener seguro a su «número uno», y esto anula la sombra de la revuelta. Han tomado el poder en clave nacional, y asimismo territorial. Mas en Génova echan cuentas, y lo que les sale es que pueden no perder apoyos en otras elecciones, mas verdaderamente tampoco tienen nada que ganar ni tan siquiera en el mejor caso, que mejoren en escaños pues se corrija la fragmentación del voto en su fantasma electoral. Es un hecho que no se dan las circunstancias para que entre en juego la variable de que lleguen a disputarle el triunfo al Partido Socialista. Ni tampoco a fin de que la suma del centro derecha, dividido en las urnas, pueda aspirar a recobrar el control de La Moncloa. Unos nuevos comicios sí serían un nuevo pulso a muerte entre el Partido Popular y Ciudadanos (Cs). Populares y naranjas dejan fuera de la batalla a Vox. Semeja que ha desaparecido por completo para ellos la preocupación por la una parte del pastel electoral que pueda quitarles la capacitación de la ciudad de Santiago Abascal. Coinciden en dar por amortizado el riesgo. Coinciden asimismo en mantener que los de Vox han tocado su techo, y que si hay elecciones estas confirmarán que de buenas a primeras «se han disuelto como un azucarillo en un vaso de agua». Suena a intuición, aunque en los cuarteles generales del Partido Popular y de Cs mantienen que los datos de este modo lo confirman. Mas asimismo es cierto que todos y cada uno de los datos electorales de estos instantes tienen un valor muy relativo. En todo caso, el hundimiento de Vox es una hipótesis de trabajo compartida por Partido Popular y Cs, de exactamente la misma manera que los 2 partidos saben que unas nuevas elecciones van a ser otra cruenta lucha por el liderazgo del centro derecha. Contra el Partido Popular, que vuelva a hablarse de corrupción; contra Cs, que a ver de qué forma se distancia del partido al que mantiene en gobiernos autonómicos y municipales. Y en esta guerra el análisis interno del Partido Popular explica que puedan ganar terreno a Cs, mas que no les compensa el peligro. La explicación está en el resultado de las autonómicas y municipales en comparación con el de las generales, que fue catastrófico para los de Casado. El resultado final de los comicios autonómicos y municipales confirmó la victoria de la estructura territorial del Partido Popular sobre la de Cs. Casado se ha hecho fuerte sobre la base del 26-M por el poder que ha amarrado de la negociación siguiente. De ahí el Partido Popular ha salido reforzado como partido de gobierno, por paradójico que resulte con respecto a las generales, y esa auréola de partido de gobierno es un impulso para manejar en el Congreso los 66 miembros del Congreso de los Diputados a los que quedó reducida la bancada popular en las últimas elecciones generales. En los cálculos del Partido Popular y de Ciudadanos entra asimismo la idea de que, si ahora se forma un nuevo Gobierno socialista, va a ser un Gabinete muy precario, imposible como gestor, y Pedro Sánchez padecerá el desgaste de tener que bogar con esos bueyes. Mejor, por consiguiente, este escenario –confiesan–, que arriesgar nada en unos comicios. El resultado de unas nuevas elecciones generales va a depender como primer factor de quién cargue frente a la opinión pública con la responsabilidad de forzar esa cita con las urnas. Esta premisa la valoran en la izquierda y en la derecha, además de esto con la previsión de que quién acepte esa cupa, sea el Partido Socialista o bien Unidas Podemos, afectará no solo a la batalla electoral entre estas 2 fuerzas, sino más bien asimismo al pulso en el bloque del centro derecha. Donde Partido Popular y Ciudadanos se sienten liberados de la presión inicial para facilitar la gobernabilidad, sobre todo por el punto de cambio que en su relato marcó la resolución del Partido Socialista en Navarra de mover del Gobierno foral a Navarra Suma, coalición del centro derecha, a costa de que el voto de Bildu fuera definitivo en la ecuación de los apoyos que auparon a la Presidencia a la socialista María Chivite. La suma de los resultados de las generales de abril da esta vez, y hay posibilidad real de gobierno, lo que agudiza el costo para los partidos de no ser capaces de traducir en una opción alternativa el orden de los españoles. El «está por ver qué pasa» va ligado en esta recta final antes que se disuelvan nuevamente las Cámaras al hecho de que, hasta entrado octubre, en caso de que haya urnas, el escenario político está demasiado turbio para poder sacar conjeturas sobre estrategias o bien aun sobre qué partido encara esa cita electoral en mejores condiciones. «Pueden pasar muchas cosas para que hoy algún partido tenga la seguridad de que va a ser el beneficiado», confirman en el campo demoscópico. A priori, el tiempo apunta al Partido Socialista como primordial ganador, mas los que saben de supervisar campañas electorales ni tan siquiera aceptan como bueno este mantra a pesar de que esté de manera perfecta elaborado por Moncloa. Tanto que hasta en la derecha lo han asumido como bueno: «En una campaña el Partido Socialista va a salir a matar a Podemos, con todo el aparato del gobierno a su servicio, y esto es difícil de anular».

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